domingo, 23 de marzo de 2014

Algo está cambiando, y no sólo en Mercedes...

Sobre el tema que hoy os traemos se ha escrito mucho, muchísimo, y en los foros del motor se abren hilos de forma periódica, que siempre acaban en discusiones, sobre lo que es y no es un deportivo. Siempre ha sido un tema difícil, pero quizás ahora, cuando prácticamente todas las marcas apuestan por la deportividad para justificar la compra de uno de sus vehículos, la cosa se vuelve más peliaguda si cabe… Antiguamente todos tenían muy claro que un deportivo debía tener una carrocería específica, un peso contenido, unas reacciones ágiles a cualquier petición del conductor y, por supuesto, un motor con cierto pedigrí deportivo. Pero la cosa se empezó a complicar con la llegada de los GTI a mediados de los 70, cuando la prensa primero y el gran público después, comenzó a llamar deportivos a utilitarios que no tenían una carrocería cupé ni spider. De hecho, en algunas ocasiones, hasta costaba diferenciarlos de las versiones básicas de las que derivaban. Evidentemente, tampoco tenían tracción trasera, aunque sí que ofrecían una agilidad muy a tener en cuenta y un motor, que aun sin pedigrí deportivo en algunos casos, sí disponían de cierto encanto… Pero el concepto del automóvil de los 70  poco tiene que ver con el de ahora, en donde es inconcebible que un turismo no disponga de ciertos elementos de seguridad, el máximo de estrellas en las pruebas de choques y, por supuesto, cientos de pijadas que nos hagan la vida más fácil y cómoda. Y con todas esas cosas el peso de los vehículos fue en aumento y, las versiones GTI, todo y disponer de muchísimos más cv, no conseguían ni de lejos la agilidad de sus predecesores, aunque los superaran claramente en prestaciones puras. Y ya no entramos a valorar los motores de nueva hornada que, salvo excepciones, han dejado de mostrar la espontaneidad de antaño a las demandas del conductor en pos de un menor consumo y emisiones; y menos aún los motores turbodiésel que dan vida a algunos modelos de marcas deportivas como Porsche y, más recientemente, Maserati.


 
Ante la situación actual han surgido los talibanes de la deportividad, aquellos que no conciben un deportivo sin su tracción trasera, su diferencial mecánico, su peso contenido y un motor temperamental. Y ante este panorama a veces me pregunto si no estamos exagerando las cosas. ¿A caso todos somos consumados pilotos y llevamos periódicamente nuestros coches a circuito? ¿A caso vamos por nuestras carreteras “a cuchillo” gran parte del tiempo? Con eso no quiero decir que tengamos que comprar un supuesto coche deportivo, sea cupé o no, por el simple hecho que la marca venda la tan de moda deportividad, pero tampoco tenemos que ser más papistas que el papa y criticar hasta la saciedad a excelentes deportivos de marcas que intentan adaptar el concepto de la deportividad al siglo XXI. Y, por una vez, no me estoy refiriendo a Alfa Romeo en esta entrada…
  
Lo difícil para el entusiasta, y aún más para el comprador, es saber diferenciar entre el deportivo de marketing y el deportivo del siglo XXI. Y es que algo está cambiando, y no sólo en Mercedes…
 

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