domingo, 20 de abril de 2014

La terraza

Las malas lenguas suelen contar que aprovechan las tardes y documentales de la 2 como inductores del sueño, pero estoy convencido que antes de caer en brazos de Morfeo y dar rienda suelta a tan íbero placer, quien más y quien menos, ha mirado de reojo el refulgir del aire en las ocres llanuras del Serengueti. Ahí es donde encontramos a la sempiterna gacela de Thompson, hincando la rodilla en tierra, dispuesta a calmar su sed en la abarrotada charca de turno. Eso sí, con un ojo puesto en la leona que tiene agazapada a 30 metros de distancia, y el otro dirigido a la lontananza.
 
He quedado con unos amigos para tomar unas "cañas" en la terracita del bar del pueblo. Hay que aprovechar los escasos momentos de asueto que te ofrece la vida, y una buena compañía, regada con fresco zumo de cebada se me antoja una de las mejores formas de hacerlo. El fútbol, el trabajo, las mujeres... Temas recurrentes en cualquier reunión, todos ellos salvables y lidiados con soltura, cada cual con sus opiniones, filias, aciertos o errores, pero tarde o temprano, y entre allegados, amanece una vez más en el dichoso Serengueti. Ahí estás, joven alfista, cual gacela de Thompson intentando calmar tu sed, con un ojo puesto en el coche que has aparcado prudentemente cerca, con el mayor de los cuidados, y el otro en los leones de tus amigos, deseando iniciar la cacería.

Foto extraída de http://www.motoriginal.com
Ser alfista en una conversación sobre el mundo del motor es estar continuamente evitando que te muerdan el culo, lidiar con los tópicos de la marca cual boda de torero y folclórica, defendiendo lo indefendible sin disfrutar de la Voll-Damm y los torreznos que has pedido. Muchos podrán aseverar que se puede argumentar una idea, defenderla, sin atacar las demás... Pero eso no sería discutir, y es algo que sí o sí terminamos haciendo en cada charla sobre coches. Hete aquí polichinela, apaleando y siendo apaleado, escuchando sin remisión los alardes de tus compañeros a la hora de glorificar su elección, echando por tierra la tuya con los argumentos de la fiabilidad, el precio, prestigio e hitos en competición de las marcas bávaras que lucen con orgullo los capós de sus vehículos. Ni todos los aros, hélices, estrellas o coches del pueblo podrán doblegar la férrea voluntad del alfista, forjada a golpe de factura en Servicios Oficiales, con cada "grillo" en el salpicadero o panel de puerta, cimentada y solidificada cada vez que se vuelve y se comprueba que hay un nuevo rascón en el paragolpes, una parte de la pintura saltada en la aleta, un "bordillazo" en la llanta... Que uno debe abrirse paso en un mar de bofetadas y consumos irrisorios, de tiempos de infarto en cada recodo de Nordschleife o de extensísimas gamas de equipamiento, motores o acabados exteriores.
  
Por mucho que nos duela, vivimos tiempos de comer hierba, ahora los depredadores son otros, y no queda otra que correr para no ser comido. Huye hoy para abrevar otro día. Podemos girarnos en mitad de la galopada y soltar una cornada de orgullo a lo 4C, pero no podremos evitar lo inevitable, los dientes los llevan otros y que me aspen, saben usarlos a la perfección. Tirando de retórica futbolística, el alfista sería un colchonero medio sentado en una tertulia entre merengues y culés. Un eterno sufridor que de vez en cuando se lleva una alegría al cuerpo, eso sí, sin perder jamás la esperanza. Ahí estamos, con la mente en blanco, paladeando la doble malta, mientras aguantamos el chaparrón de necedades y fuegos fatuos que más pronto que tarde terminará en cuanto esos leones, que no han conseguido darnos caza, vean como nos alejamos entre el bramido de los "11 litros a los 100" y el brillo del logo de Pininfarina en el costado. Y es que, como ellos mismos gruñen: "Se rompen, son tragones y caros, pero que bonitos son los condenados".
 
Chicos, ¿La semana que viene os apetece otra cerveza?
 
 
Escrito por Denébola

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