sábado, 12 de julio de 2014

El carril derecho

El carril más divertido es el derecho.
 
Unos catorce kilómetros separan la localidad en la que resido del lugar en el que trabajo. Es rutina que la gente pregunte si no se hace pesado realizar el mismo camino de ida y vuelta cada día, dos veces al día. La vehemencia de la respuesta depende del pie con el que me levanto o del número de horas que haya dormido la noche anterior, pero casi siempre suelen obtener la misma diatriba: "No es molestia, circulo por el carril más divertido: El derecho".
 
No guardo en la memoria el momento exacto en el que comenzaron las obras de acondicionamiento de la carretera, que da acceso a una de las ciudades más importantes de España, así que la costumbre ha desdibujado un poco la idea preconcebida de una vía al uso.Las líneas blancas ahora son amarillas, los límites de velocidad han pasado de erguirse orgullosos sobre postes metálicos a encontrarse agazapados en los sucios arcenes, abofeteando tus córneas con sus "ochentas" y "sesentas" enmarcados de gualda, conos y "new jerseys" de hormigón, estrecheces y carriles de "desaceleración" para incorporarse a esta auténtica senda de los elefantes.
 
A pesar de ello, lo mejor del día siguen siendo esos catorce por cuatro kilómetros en los que no voy o vuelvo de trabajar, sino que en realidad son la excusa perfecta para disfrutar de cualquiera de los dos Alfa Romeo que guardo con celo en el garaje. Disfrute, eso sí,  condicionado. Las condiciones las imponen los habituales del carril izquierdo, una suerte de individuos, fauna más bien, que te "obliga" a poner cierta atención extra cuando además de la integridad personal te preocupa también la del vehículo con el que discurres.
 
Desde la tranquilidad del carril derecho, completamente vacío y libre de tráfico, observas cual naturalista pertrechado tras camuflaje y teleobjetivo, como esa fauna automovilística pugna por el microcosmos y ecosistema formado por el carril izquierdo y el central (cuando hay). He logrado entender, con el paso del tiempo, que el hecho de ir por el carril izquierdo implica no estar realizando maniobras de adelantamiento continuamente, evitando así el tener que mirar por los espejos retrovisores, acelerar, maniobrar, encender el intermitente para señalizar y un sin fin de cosas que no pasan de ser algo común en el acto de la conducción. El posicionarte bien en ese carril, circulando a la velocidad máxima que permite la vía, te otorga el privilegio de ir del punto A al B sin ser molestado, con la seguridad de saber que aquel que adelante por tu derecha está infringiendo, a sabiendas, el código.
 
El conductor o conductora, aparece escondido, hundido, en la atalaya que le otorga el asiento del SUV, blanco e inmaculado que acaba de comprar. Uno de esos engendros (acordaos de estas palabras cuando Alfa saque el suyo), que podría pisar terreno alejado de la urbe y jamás lo hará. Pero ahí están, incorporándose a la autovía por el carril de aceleración a una velocidad ridículamente peligrosa (lenta), ocupando en la menor brevedad de tiempo posible y normalmente sin utilizar las intermitencias, el carril central o el izquierdo, que no abandonarán hasta que lleguen a su destino.
 
Los imagino usando anteojeras (eso que llevan los caballos de las diligencias en las películas del Oeste), más pendientes de mirar al frente y de que los niños estén bien atados con sus correspondientes isofix, aturdidos por los ataques Pokemon del DVD salvador que les hará llegar con los nervios intactos hasta la puerta del colegio, que de darse cuenta de lo mal que están circulando.
 
Llegamos a una curva y pasamos de dos a tres carriles, que debiera ser una liberación para el carril rápido, pero no, ahí siguen dejando la totalidad de la carretera completamente vacía... ¿o no? El carril central que parecía desierto tiene ahora un nuevo inquilino, un señor de pelo cano y su Mercedes Benz 230 E cuya intermitencia izquierda, lleva al menos 10 minutos de reloj advirtiendo una maniobra que se ha realizado o que se ha pensado realizar, pero no se sabe muy bien qué narices sigue haciendo encendida o si lo está por alguna razón de peso.El SUV, impertérrito ante la indecisión del zarrio alemán, continúa sin más por el carril izquierdo, pero tú te encuentras en la disyuntiva de mantener la velocidad y adelantar por la derecha, o cruzarte dos carriles para ejecutar de manera decente la maniobra...
 
Decides adelantar de manera correcta, y las miradas del señor mayor y de la mujer que conduce el todocamino con la sillita rosa de Hello Kitty fijada a la parte trasera, se clavan en ti como si te hubieses soltado una sonora ventosidad en el ascensor del Corte Inglés. ¿Qué soy? ¿Un loco al volante? ¿Un ovni? ¿De dónde ha salido ese coche? ¿Pensaba que eso de la derecha era un arcén un poco más grande de lo normal y resulta que es otro carril? Dejadme volver a la derecha y continuad haciendo lo que sea que estéis haciendo.
 
Si sortear todos esos peligros no fuese suficiente, llegamos a la zona de trabajo, en la que los camiones llenos de tierra y grava campan a sus anchas, soltando pequeños "regalos" a la vía. No he llevado un trasto de esos nunca, pero siempre he pensado que los intermitentes de un camión se accionan cuando el conductor gira el volante. Es decir, que no hay palanca de intermitencia, sino que al girar el volante se enciende el intermitente de ese lado. Es la única explicación al hecho de ver cambiar de carril a un trailer al mismo tiempo que se enciende la luz naranja del intermitente. Y no hay vuelta de hoja, o estás atento y lo ves, o pasas el Alfa por chapa y pintura.
 
Llegas sano y salvo al garaje, con la sensación de haberlo pasado realmente bien. Podías haber entrado en el carril izquierdo, en la caravana de coches que circulan en fila sin cambiar de rumbo, pero decidiste no hacerlo.
 
Son sólo 14 kilómetros, pero dan para mucho, y realmente los disfrutas porque te obligan a ejercer una conducción 100% eficiente y alerta. Señalizas cada maniobra, recuperas, aceleras, bajas marcha, sorteas los "peligros" ambulantes que te vas encontrando, miras a lo lejos para anticiparte a lo que te rodea, en definitiva: Te diviertes estando en el carril derecho, que es el que te permite conducir de verdad.
 
Esta es mi historia diaria, pero sé que muchos lectores tienen las suyas propias, entrando a la ciudad, viajando por carreteras secundarias, o volviendo de una noche de marcha...
 
¿Cuál es la vuestra?
 
Escrito por Denébola

2 comentarios:

  1. Tremendo!! y todo cierto!!! Intentar en algunos sitios adelantar por la izquierda (lo lógico) a alguien incluso (ya desesperado por la espera) dándole un par de ráfagas para que se aparte te convierte a ti en el "loco", "perverso conductor", "mal parit", como quieras llamarlo...Dónde está la Guardia Civil cuando se la necesita!!??

    A veces echo de menos tener un buen Hummer H1 para "ayudar" amablemente al personal a volver a su carril derecho. En fin, paciencia...

    Un saludo Llorenç!

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  2. Tienes razón. Yo, para ser más sutil, pongo el intermitente de la izquierda, pero tampoco da buen resultado... Y como no me acerco demasiado, por eso de respetar la distancia de seguridad, el de adelante pasa olímpicamente de mi.

    La reflexión de Denévola es realmente buena.

    Saludos Julio,

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