jueves, 3 de julio de 2014

La cosa más bella bajo el sol

La espera ha sido larga y, durante el año que casi ha pasado desde que lo vi por primera vez en el salón de Ginebra, no ha habido día en que no me levante pensando en él, en sus formas redondeadas y extremadamente bellas, en su estilo, en su deportividad y en el espíritu de libertad que desprende cada uno de sus hermosísimos trazos. Parte de la prensa opina que su presentación fue eclipsada por la del súper deportivo Lamborghini Miura y que el nuevo Spider de Alfa Romeo, denominado Duetto en un concurso popular organizado por la marca, no alcanza a la preciosidad del Giulietta en su versión Spider ni a su posterior Giulia. A mí, sin embargo, sus líneas me parecieron igualmente lindas y claramente más modernas que las de sus antecesores y el que Alfa lo anunciara como “la cosa más bella bajo el sol” no me pareció para nada exagerado.
 
 

Después de casi un año, este pasado miércoles me acerqué a Barcelona a recoger el coche que debe acompañar en el parking a mi Seat 600. El precio del Alfa, aun no siendo disparatado, es un precio alto, en gran medida debido a los impuestos con los que el estado grava a los vehículos de importación y, seguramente, no se vean muchos Spider por nuestras carreteras. Éste es el primer deportivo que conduzco y los 60 kilómetros que recorrí hasta mi hogar, en la costa Tarragonina, han sido suficientes para comprender lo que significa conducir un vehículo de este tipo y para entender lo que distancia su conducción a la de un turismo como la de mi Seat 600. Nunca pensé que pudiera llegar a ser tan gratificante y estoy deseando que se ponga el sol para volver a sacarlo, esta vez ya descapotado, y continuar experimentando un mar de sensaciones totalmente nuevas para mí. Pero mientras eso sucede, contemplo mi nueva escultura, aparcada en medio del jardín, mientras desayuno y preparo la ruta para el atardecer. La idea es hacer un picnic rodeado de viñedos, después de recorrer desiertas y ratoneras comarcales, y volver a casa ya bajo las estrellas. Son muchas las carreteras de ese tipo que rodean mi casa así que, con un lápiz, trazo círculos sobre las posibles alternativas y paso la responsabilidad de la elección a mi otro amor. Ella siempre ha tenido la habilidad de encontrar el mejor plan entre varias opciones y, al fin y al cabo, es ella la experta en picnics y en encontrar el mejor rinconcito para disfrutarlos. Su dedo apunta con decisión al círculo que rodea la carretera comarcal que va de Gratallops a Siurana, una carretera serpenteante flanqueada a ambos lados por los característicos viñedos escarpados sobre paredes de pizarra de la zona del Priorato. Por desgracia la filoxera atacó con dureza estos viñedos en el siglo pasado y la mayoría se encuentran ahora abandonados. Estoy convencido que algún día alguien decidirá invertir en estas tierras y extraer de sus uvas uno de los mejores vinos del país y, quien sabe, si superar en prestigio a la Denominación de Origen Calificada de la Rioja. Con la ruta ya decidida sólo queda preparar la cesta de picnic y esperar que las horas pasen, pues justo ahora el sol empieza a hacerse insoportable y sus rayos de fuego serán incesantes hasta bien pasadas las siete de la tarde. Por suerte parte del jardín se encontrará en la sombra el tiempo suficiente para tomar un café, una vez acabado el desayuno, y acabar de leer el ABC del pasado jueves 13 de julio, el cual dejé a medias todo y el interés de alguno de sus artículos, como el que anuncia que España tendrá tres mil kilómetros de autopistas en 1979. Espero que la Autopista del Mediterráneo, la cual ya está proyectada y con la primera parta adjudicada desde principio de año, no destroce alguno de los bonitos parajes por los que pasará. Sé que será bueno para España y que traerá mucho turismo a toda la zona del Mediterráneo, pero también he de reconocer que siento miedo a que el turismo acabe desnaturalizando ciertas zonas y que incluso acabe transformando por completo pueblos cuyos habitantes viven actualmente únicamente de la pesca…

Después de un sábado tranquilo en el que mi esposa y yo hemos podido poner orden en el pequeño almacén reconvertido desde hace unos meses en pequeña bodega, llega el momento de coger los bártulos, depositarlos en el pequeño maletero del Duetto, subir a bordo del flamante rosso Alfa y dar vida al motor “bialbero”, el cuál despierta con un gorgoteo sordo y trepidante que inunda mis oídos. Una declaración de intenciones de lo que este motor de 1570 centímetros cúbicos, heredado del Giulia, puede ofrecernos en lo que a rendimiento y deportividad se refiere. Iniciamos la marcha y enfilamos la pista de gravilla que nos llevará hasta una comarcal que, a su vez, nos llevará a Valls. La belleza del Duetto es incuestionable y no hay coche que nos crucemos que no nos haga luces o levante su dedo meñique hacia arriba como gesto de aprobación. Mientras el motor va cogiendo temperatura, pienso en lo elástico y redondo que resulta conduciéndolo por debajo de las 3.000 rpm, a años luz de lo que el pequeño motor del 600 puede ofrecer. Pero esos motores de Alfa están hechos para llevarlos altos de vueltas así que, a medida que se va calentando, voy subiéndolo de vueltas. El sonido cambia por completo al llegar a las 4.000 rpm, convirtiéndose en un ruidoso motor que te traslada de inmediato al mundo de las carreras. Y es que al llegar a este régimen de giro es donde el motor biárbol de Alfa muestra su carácter y se diferencia claramente de los motores de la competencia, como el Porsche 356. De las 4.000 a las 6.000 vueltas este Duetto no se conduce, se pilota. Los 110 cv del 1.570 cc. son una barbaridad y permiten al Duetto registrar una velocidad punta de 182 km/h, velocidad que tendré que probar en otra ocasión por mejores carreteras. Ahora lo que quiero es disfrutar del paisaje y de lo bien que se comporta tanto en línea recta como en curva a pesar de ser la suspensión algo seca. La dirección me parece muy rápida y precisa y hace que coger curvas se convierta en algo adictivo. Ya en Valls enlazamos con una carreterilla que nos llevará hasta Gratallops. A ritmo tranquilo nos dejamos seducir por los remolinos de viento que entran en el habitáculo y empezamos a pensar en el picnic que nos espera. Nunca he estado en Italia ni he subido a mi coche a una bella ragazza, pero estoy seguro que estoy es lo más parecido a la dolce vita de la que hablaba Federico Fellini en su película de mismo nombre y en la que Anita Ekberg dejaba enamorado a más de uno…
 
 

Después de algo más de dos horas de viaje llegamos a Gratallops, un pequeño pueblo llamado  antiguamente Vilanova del Pi y que cambió de nombre debido a la abundancia de lobos (llops en catalán). Nos apeamos del coche para estirar un poco las piernas y preguntar a sus habitantes sobre la carretera que lleva a Siurana y sobre el mejor sitio donde disfrutar del incuestionable encanto de estos parajes. Al parecer, las obra de construcción del pantano que se iniciaron hace ya 7 años y tras 3 años en la que han permanecido paradas, están ahora más activas que nunca, por lo que nos recomiendan quedarnos en las proximidades de Gratallops y subir a alguna de sus colinas donde poder divisar el encanto de este pequeño pueblo dedicado enteramente al cultivo de la viña y el olivo. Sólo han hecho falta 5 minutos para tener a la mitad de los habitantes del pueblo alrededor del Duetto, mirando desde todos los ángulos las formas redondeadas de su carrocería diseñada por Pininfarina. Los más jóvenes se dirigen hacia nosotros y nos ahogan en un mar de preguntas:

    - ¿Señor, es un Ferrari?
    - No
    - ¿Alcanza los 200 km/h?
    - Sí
    - ¿Corre mucho?
    - Sí
    - ¿Vienen de Italia?
    - No
    - ¿Se lo regala a mi padre?
    - No
    - …
 

Nos hacemos paso entre la muchedumbre, volvemos a subir al coche y, tras arrancarlo, aceleramos de forma contundente a la vez que giramos el volante para coger de nuevo la carretera, haciendo deslizar la trasera y provocando signos espontáneos de admiración. A los pocos minutos llegamos a nuestro destino, paramos el Alfa Romeo en medio de un pequeño prado y “montamos” la mesa junto al coche. Sentados junto al coche y con nuestras espaldas apoyadas sobre la inmaculada carrocería empezamos a degustar los productos que mi esposa estuvo preparando hace unas horas con mucho mimo. Una botella de vino tinto de su vecino Montsant se encargará de regar esta fantástica cena de verano.
 
 

Una vibración procedente de mi bolsillo izquierdo comienza a incomodarme hasta el punto de despertarme de mi placentera siesta. Introduzco la mano en el bolsillo y después de unos movimientos que podrían ser confundidos con estiramientos, consigo sacar mi Smartphone. Esta inoportuna llamada me despierta del sueño más intenso y mágico que he tenido en años y noto que mis pulsaciones están revolucionadas, mi frente está húmeda y aun no sé con certeza quién soy. Mis pantalones tejanos, y no los de franela y pinzas que llevaba hace un momento, me ayudan a recobrar la conciencia. Me doy la vuelta y observo a mi chica mientras guarda la cestita y la botella de vino que hemos disfrutado en el maletero del Spider. Ahora es cuando mi mente se despeja y recuerdo que estoy aquí y ahora, casi 50 años más tarde que en mi idílico sueño… Suspiro, miro al cielo y agradezco al universo estar aquí, en el Priorato frente a mi máquina, también diseñada por la firma de Pininfarina, aunque en este caso se trata del 916, reinterpretación moderna de aquel legendario Duetto; y junto a ella. Es mucho más de lo que podría desear ahora. En mi cara se dibuja una sonrisa.

 
 
 
 
 
 
 
 

2 comentarios:

  1. Cuantos sueños en el haber de Alfa Romeo, y que pocas plazas de garaje tengo en la realidad.

    Estupendo relato, compañero.

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    1. Pues sí Carlos. Creo que más de un Alfista llenaría su parking de Alfas en caso de disponer de uno propio, con una docena de plazas...

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